Adam Smith, padre de la economía

Escrito por el Dr. Gabriel Pérez del Peral @gperezperal

Harold Laswell, considerado el padre de la ciencia de las políticas públicas, en su artículo “La orientación hacia las políticas”, afirmaba en 1950 que el fin último de éstas es generar autoestima en la gente, para que así, los individuos sicológicamente sanos se incorporen en forma más productiva a los mercados de trabajo en la economía.

Los anteriores conceptos fueron desarrollados casi dos siglos antes, por el llamado padre de la economía, Adam Smith. Con la aparición en 1776 de su libro “Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones” Smith amplió el estudio que inició en 1759 sobre el “espíritu de la benevolencia” que debe existir entre la gente, plasmado éste, en su aclamada obra “La Teoría de los Sentimientos Morales”,

Smith argumentaba en La Teoría de los Sentimientos Morales, considerado junto con “La Riqueza de la Naciones” como una saga literaria, que lo que hace que la gente se comporte con benevolencia es la autoestima que las personas posean, así como la empatía que tengan hacia otros individuos.

En efecto, el amor propio (la autoestima) y la empatía, orientados por las costumbres y las instituciones, decía Smith, guían al hombre en su comportamiento virtuoso hacia sus conciudadanos.   

En la continuación del primer libro, (“La riqueza de las Naciones”), Adam Smith nuevamente hace énfasis en la autoestima, pero ahora orientada por la necesidad de comerciar. El resultado no buscado es como antes, “una sociedad más civilizada y próspera” como si estuviera guiada por una “mano invisible”.

La idea de una “mano invisible” no fue un concepto totalmente original de Adam Smith. Bernard Mandeville en su “Fábula de las Abejas” (1714), hace referencia a la habilidad de una forma de gobierno ordenada, capaz de orientar el interés personal (egoísmo) hacia un bien superior, sin coerción y sin un diseño evidente. Lo que hizo Smith fue tomar la idea seriamente, elaborar la magníficamente y examinar todas sus consecuencias.

“La Riqueza de las Naciones” muestra cómo el interés propio,domesticado por la solidaridad y restringido por la competencia económica,conduce a una prosperidad generalizada a la que Smith llama la “opulencia universal”.

La gente desea producir más para poder consumir más. La clave para producir más es la “división del trabajo”; cuando los trabajadores se especializan se vuelven más productivos, afirmó Adam Smith. Pero la división del trabajo sólo puede florecer en un sistema que permita sin interferencias que la gente comercie su trabajo y los bienes que produce.

Los productores pueden demandar protección de sus competidores, domésticos e internacionales, pero hay que dejar claro que esta protección se brinda a expensas de otras personas.

En el libro de la “Riqueza de las Naciones” se hace patente el malestar que generaba en las trece colonias americanas el hecho de que su comercio con el Reino Unido se realizase a través de monopolios británicos. Como un asunto de justicia y de conveniencia política la regla debe ser, decía Smith, el “libre comercio”.

Es importante resaltar que a lo largo de todo el libro de la “Riqueza de las Naciones” está presente la preocupación por el bienestar de los trabajadores. Smith deplora ampliamente la ociosidad y la avaricia de la clase rica. En su concepto de lo que él llama la “opulencia universal” la palabra clave es “universal”. Para alcanzar este fin general propone fortalecer el rol del estado.

The Economist afirma que el padre del liberalismo, Adam Smith, reconoce los efectos desmoralizantes de la división del trabajo en la clase trabajadora. El precio de hacerlos más productivos es simplificar sus tareas (mecanizarlas) ; ello le quita estimulación mental al trabajo.

La pregunta que se hace Smith es ¿Cómo combinar la división del trabajo, necesaria para aumentar el bienestar económico, con un mayor desarrollo intelectual de la clase trabajadora? La respuesta que da es clara y radical, con una educación universal de calidad y financiada con recursos públicos.

Adam Smith siempre imaginó una amplia y creciente gama de gastos gubernamentales, todos motivados por la existencia de las denominadas “fallas del mercado”. Éstas consisten en situaciones en que el mercado por sí solo no genera un resultado eficiente, esto es: existencia de monopolios, de bienes públicos (consumo conjunto, como las vialidades), y de externalidades (afectaciones a terceros por acciones económicas, como la contaminación del medio ambiente).

Smith enfatizó que el estado de derecho y la defensa de la propiedad permiten que la economía crezca más próspera, y que es necesario crear instituciones e infraestructura (caminos, canales, puentes y otros bienes que son muy costosos para ser asumidos por el sector privado) para facilitar el comercio.

Así pues, en México debe de quedar muy claro que sí es compatible un gobierno eficiente y eficaz, con una decidida orientación social, que genere autoestima en la gente, y una economía democrática que fomente la libertad de las personas y de los mercados

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