Desigualdad y Pobreza

Escrito por Andrea Larios @andrealc95

En México, la disminución en la tasa de pobreza se ha estancado en los últimos años. Además de esto, somos uno de los países más desiguales del mundo. Para ponerle números a estas afirmaciones, existe esta información: de los más de 120 millones de mexicanos que somos, casi 63 millones cuentan con escasos recursos (Coneval 2016). Esto significa que más de la mitad de la población se encuentra en situación de vulnerabilidad por ingresos.

Con respecto a la desigualdad, que es medida por el coeficiente de Gini, en el que la igualdad perfecta estaría representada por 0 y la desigualdad máxima por 1, México se encuentra en 0.43 (Banco Mundial, 2016), lo que significa que casi el 80% de la riqueza del país se encuentra en manos del decil más rico.

La conjunción de una alta desigualdad con un freno en la reducción de las tasas de pobreza, desemboca en un círculo vicioso que impide el crecimiento sostenible de la economía.

¿A qué se refiere este círculo vicioso? Una persona que nace en situación de pobreza tendrá pocas oportunidades para tener acceso a servicios educativos y de salud de calidad. En el largo plazo, esto lleva a que su productividad laboral no incremente y por lo tanto su trabajo contribuirá en menor medida al crecimiento económico; hay estimaciones que afirman que entre 1985 y 2005, el aumento de la desigualdad redujo el crecimiento del PIB en un monto acumulado de 10% (Oxfam México, 2014).

La poca productividad laboral, generalizada, tiene impactos negativos sobre el crecimiento económico e impide que el país crezca a tasas más alta; en los últimos 10 años, el crecimiento promedio de nuestro país fue de tan solo 3%, mientras que el crecimiento de la productividad laboral en México ocupa el último lugar dentro de la OCDE, en el mismo periodo de tiempo; la alta correlación es evidente.

Las implicaciones sociales de la desigualdad también son negativas. Mayor desigualdad está vinculada a menor cohesión social, que a la vez desemboca en inestabilidad política, y mayores índices de violencia y de corrupción. Un caso de éxito es Dinamarca, cuyo coeficiente de Gini es de .28. Es uno de los países más felices del mundo y, coincidentemente, está rankeado entre los países con los menores índices delictivos y de corrupción. 

Por todo esto y más, es importante trabajar para disminuir la desigualdad y la pobreza consecuentemente en nuestro país. ¿Qué podemos hacer?

El Estado debería implementar una política fiscal realmente progresiva. En papel, se tasa más a los que ganan más, pero, a través de exenciones, deducciones y evasiones, los impuestos pagados por muchos altos corporativos, empresas privadas e individuos, realmente está muy por debajo de lo que les corresponde.

También se debería de cambiar el enfoque de política social que tiene el gobierno, y pasar de ser un estado dador, a uno que garantice derechos sociales como la educación y la salud. Adicionalmente, el propio gobierno podría gastar de mejor y más transparente manera, garantizando a los contribuyentes que sus impuestos no están siendo desviados.

Finalmente, todos los ciudadanos tenemos una gran responsabilidad: cumplir la ley y exigirles a nuestros gobernantes. De esta manera, se generaría un pacto social en el que el ciudadano contribuye, el gobierno ejerce y el ciudadano exige cuentas y puede reclamar si su dinero o está siendo usado de la manera correcta. Lograr que México sea un país más igualitario con mejores condiciones de vida para todos; nos conviene.

Podríamos ver cumplidos los anhelos de un país mucho más próspero, con menor inseguridad, menor corrupción y mucho más unido, pero esto es, simple y sencillamente, trabajo y responsabilidad de todos.

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